INDIVIDUA

Amiga ¿hace cuánto que no tienes un tiempo para ti?, ¿recuerdas cuando tenías un nombre propio y aun no eras la mamá de…?, ¿o cuando podías tomar cualquier simple decisión como dónde o a qué hora desayunar sin tener que ponerte de acuerdo con tu pareja?, ¿a veces sueñas con tan solo poder disfrutar un rato de silencio o con la idea de que nadie dependa de ti?

Me dirijo a mi género, porque no sé en el caso de los hombres si estas ideas ocupen alguna vez su pragmático cerebro ¿o sí?

Bueno, no sé si todas las mujeres luchan con estos pensamientos. Pero al menos yo sí, después de 27 años de matrimonio, 22 años siendo la mamá de… y luego también la mamá de…, además de la mamá de… -¡ah!, pero querías tu esposito, tus hijitos y tu casita feliz ¿verdad Jenny chula y preciosa?– Y claro, no por eso dejas de ser la hija, la hermana, la amiga, la nieta y en mi caso…la esposa del Pastor. Digamos que uno de mis conflictos internos, quizá como el de muchas mujeres de familia es la ausencia de soledad 🙂

Puede escucharse ingrato, y en realidad es algo confuso. Por una parte tu familia es un gran sueño cumplido, por otra romantizaste tanto el sueño que pasaste por alto que en realidad era un proyecto de toda la vida que demandaría todo de ti.

Al iniciar este año me sentía un poco así como describía al inicio. Después de superar una pandemia en casa, irnos reintegrando al ajetreo diario pospandémico: escuelas, vida social, tráfico, actividades ministeriales, proyectos. Empecé a sentir la necesidad de tener un momento de escape. Así que, un poco antes de mi cumpleaños 46 comencé a tener la idea de festejarlo saliendo de viaje.

Muy determinada a cumplirme el deseo, ahorré algo de dinero y le comenté a mi esposo que de cumpleaños quería salir de viaje «a donde fuera», a él le pareció una idea razonable-creo que él tiene la capacidad de ver cuando mi combustible está a punto de agotarse. Llegamos al acuerdo que el «viaje a donde fuera» lo realizaría sola para no afectar el presupuesto familiar-y yo por dentro ¡Sí Señor!-.

Al principio dudé un poco en salir de viaje sola, pues en realidad siempre suelo salir en pareja o en familia. Además de lidiar con la culpa de que los demás no salieran. Sin embargo, me decidí a hacerlo. Vi mis opciones y empecé a planear un viajecito relámpago para celebrar mi cumpleaños y aprovechar a visitar a familia y amigos que no suelo ver frecuentemente.

Pues el día llegó, alisté un equipaje ligero pues mi itinerario era un tanto ajetreado y con tiempos muy específicos para aprovechar mi semana libre al máximo. Se sentía un poco extraño andar sola, tenía que estar pendiente de todo, pues mi administrador de «cabecera» o sea mi esposo-que es la persona más responsable, formal, metódica y organizada- se había quedado en casa, aunque por mensajes no dejaba de recordarme mis horarios, salidas y llegadas.

De pronto, durante esos días me di cuenta que todo resultaba más fácil y práctico; si quería comer algo simplemente lo compraba o lo preparaba sin tener que preguntar a alguien más si se le antojaba, acomodar mi maleta era muy rápido y sencillo, moverme de un lado a otro no tenía más complicación que ocuparme de mí misma, podía pasear en una tienda y ver cualquier cantidad de tonterías sin preocuparme por el aburrimiento de los demás. En pocas palabras me sentía ¡Libre sooy, libre soooy…libre al fiiin! Y bueno, lo mejor del viaje era que en casa todos estaban también sobrellevando de la mejor manera su tiempo sin la «señora histérica y regañona»

Durante esos días, volví a sentirme individua-si me permiten ustedes esta arbitraria expresión-es decir, por unos momentos pude disfrutar de autonomía, soledad e individualidad. No dejé de ser la esposa, la mamá, la hija, la hermana…, pero tuve la oportunidad de entretenerme un poco conmigo misma.

Los días volaron, los aproveché, me relajé y volví a mi casa. Obviamente hay que pagar el precio de ausentarse algunos días de la casa ¡jajaja!, gracias a Dios todos estaban a salvo, cumplieron con todas sus actividades…pero mi dulce hogar se había convertido en la guarida de los hombres-así como cuando Ken invade la casa de Barbie :)- pero bueno, como regresé con mi combustible lleno, de buena gana le entré a la canasta de ropa sucia envuelta con un Bienvenida a Casa.

En esos días recordé las veces que mi mamá gritaba: ¡¡quisiera salir corriendo de esta casa!! y en realidad, ahora pensándolo desde mi adultez creo que sí lo necesitaba. Mi mamá tenía trabajo de tiempo completo fuera de casa, cuidaba de nosotros tres, soportaba la pasividad de mi santo padre y además tenía que resolver 1,001 cosas para hacer funcionar nuestra familia.

¿Sabes?, necesitamos ser sabias en llenar nuestro combustible más a menudo. No es necesario esperar a un viaje, y es muy peligroso llegar al punto de querer salir corriendo de casa. Creo que nos viene bien, dejarnos ser individuas más a menudo. Tomarnos una pausa en un día demandante. Dedicar un día para cuidar de nosotras mismas. Cultivar un tiempo para estar a solas con Dios. A veces, esto pareciese un lujo, pero en realidad es una necesidad auténtica de la que debemos hacernos responsables nosotras mismas.

La familia, el matrimonio, la maternidad, son proyectos poderosos, requieren fuerza, constancia, disciplina; quienes somos pilares en esos proyectos debemos estar pendientes de no debilitarnos o la columna, no podrá más seguir sosteniendo el sueño.

Así que, cuidémonos para seguir cuidando, atendámonos para no estar exigiendo, conozcámonos para comprender qué es lo que necesitamos y comuniquémonos para seguir siendo efectivas.

Individua, necesitamos elegir los pensamientos correctos. No permitas que las preguntas abrumadoras, las presiones de la vida, las demandas de los que te rodean, te hagan desistir del valioso proyecto en el que estás trabajando. Mejor elige hacerte cargo, acércate a Dios, expónle tus necesidades, libérate de ese equipaje pesado que te está drenando el combustible para continuar. Planea estrategias sencillas, cotidianas y factibles para recuperarte un poco a ti misma, cuidando de tu salud emocional, mental y espiritual, para ser una individua completa y feliz.

Individua hermosa, cansada, agotada, desesperada, si sólo te queda una gota de combustible, déjame recordarte que ellos te necesitan y te necesitan bien. Está bien ser esposa y está bien ser individua, está bien ser mamá y está bien ser individua, está bien ser trabajadora y está bien ser individua. Te dejo por hoy este consejo que alguien me dio hace muchos años, espero no lo olvides: Si tú estás bien, ellos estarán bien

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