LA VEJEZ DE MI ABUELA

La vejez de mi abuela, fue una de las grandes enseñanzas que la vida me ha dado a través de ella... ¿por qué complicar más esta etapa de la vida?

Hace algunos meses murió mi abuela, mi abuela materna, de la que recibí el color de mis ojos, el gusto por cocinar y una que otra características más…[por no decir varias😊]

Mi abuela se caracterizó por ser una mujer fuerte, independiente, matriarca, protagonista, testaruda, generosa y voluntariosa.

Vivió completamente sola hasta los 88 años de edad… por cuestiones de salud y muy en contra de su voluntad🫠 tuvo que dejar su casa (la cual ella había convertido en su santuario), para ir a vivir con mi mamá.

Podría decir, que fui una espectadora del envejecimiento de mi abuela. Ella solía ser una mujer muy guapa, atractiva, con mucha personalidad. Confieso que pocas veces consideré la idea de verla convertirse en una ancianita, pues ella siempre aparentaba ser más joven de lo que realmente era. De hecho alardeaba en contar que no usaba su tarjeta de descuento de adulto mayor en el transporte público, porque los choferes al verla creían que mentía😉

Sin embargo, la vejez llegó poco a poco…empezamos a notar que a veces su mano era temblorosa, nos repetía las mismas cosas, comenzó a perder tallas, de ahí siguieron sus dientes😬 y lo más impresionante para nosotros: su memoria.

Mi abuela no tenía estudios, pero tenía una mente sagaz, organizada, administraba bien su dinero, podía negociar y hasta sacarte de la cárcel sin haber pisado una facultad de derecho🙃

Poco a poco, el reloj de la vida fue mermando su capacidad cognitiva, y fue entonces cuando mi mamá se convirtió en su mamá🤷🏼‍♀️ tomando el rol que caracteriza a una madre: cuidar, alimentar, vestir, corregir, llevar, traer, atender…

No es fácil comprender ese cambio de roles ni para el adulto mayor, ni para el hijo.

A mi, como nieta y a mi hermana, nos correspondió otro rol del que casi no se habla, yo diría que nos convertimos en la abuela de mi abuela.

De pronto, me descubrí siendo la que cumplía algunos caprichos de la abuela, ambas sabíamos a qué estábamos jugando😄.

Yo hacía helado, ella se lo comía y como se le olvidaba que ya había comido😆 pedía helado por segunda ocasión y se lo volvía a dar.

Un dia, incluso me usó para su travesura. Ella quería tomar una coca cola, mi mamá cuidando de su salud se la restringía. Entonces entró un dia a la cocina y me dice: -Güera, ¿tienes coca? dame una poquita, pero grítame así como que tú me la invitas para que tu mamá no diga nada🤪… y díganme ustedes, ¿qué puede hacer una nieta ante tan inocente petición? Pues dramatizar un diálogo espontáneo, en el que le pregunta repentinamente a su abuela que está al otro lado de la sala si quiere coca, a lo que la dulce ancianita contesta tímidamente, bueno dame un poquito🤣

Quisiera decir, que es sencillo, cómico y romántico ser testigo de la transición de un adulto a la vejez, pero no lo es en ninguna manera. Ni para el protagonista, ni para los coprotagonistas💔.

Casi me atrevo a afirmar que no estamos entrenados, enseñados, ni sensibilizados para recibir a la vejez, esa vejez que derrota, fragiliza, incapacita😕.

Hace una semana, mi esposo y yo hicimos una visita a algunos amigos y familiares, en cada uno de los casos, nuestros conocidos estaban conviviendo con esta vejez incapacitante de la que les hablo. Cada uno con distintos desafíos para cuidar a un adulto mayor que no puede valerse por sí mismo: movilidad, razonamiento, conducta, economía, memoria, enfermedad😟.

Parece que la vida hace una pausa y es necesario reorganizarla de la manera en que la habíamos estructurado. Las casas tienen que ser adaptadas, los horarios deben moverse, el presupuesto incrementarse,  para poder hacer frente a las demandas de esta vejez incapacitante😩.

Y a esto es a lo que me refiero en que no hemos sido entrenados. Recibir a la vejez incapacitante, requiere una reflexión y un entendimiento profundo del valor de la vida humana en todas sus etapas🍂

Las peculiaridades de un adulto mayor y un bebé, no son tan distintas. Ambos están inválidos ante el mundo, dependientes para atender sus necesidades básicas, PERO…

La gran diferencia, es que un bebé es recibido por sus padres-en la mayoría de los casos- con alegría. Ahí sí estamos preparados emocional y mentalmente, casi por instinto para recibir a un ser humano que no podrá valerse por sí mismo. Los padres adaptan su casa con ilusión, reestructuran sus horarios, reevalúan sus presupuestos y organizan la vida para sacar adelante a sus pequeños🪺.

Pero con la vejez, no se siente esa ilusión. Tenemos una visión negativa del final de la vida, que nos orilla a querer evitarla, saltarla o negarla…¡cuánto necesitamos un corazón paternal como el de los padres y abuelos que nos acompañaron en los primeros años, en que tampoco teníamos dientes, usábamos silla de ruedas-carriola, necesitábamos cama con barandales y comidas suaves, cuando tampoco controlábamos los esfínteres, pero padres, familiares y amigos organizaban fiestas para proveer los pañales que necesitaríamos!👶🏻

En realidad no hay tanta diferencia de condiciones👶🏻👵🏼 entre una y otra etapa.

Lo que nos falta es tribu, para dar la bienvenida a la vejez. Para reconocer que el tiempo de nacer a otra vida, se está acercando y así poder disfrutar los últimos años con la misma anticipación, cariño y alegría de los primeros🪾.

El anhelo de mi abuela –mi Mami Tere, era celebrar 90 años, eso se convirtió en su gran tarea. Aunque claro, solía decir que tenía 60😆-pues olvidaba el valor de los números- pero jamás podría olvidar que le faltaba por cumplir 90🤗

Era una cómica confusión, con decirles que era tanta su ilusión que un dia fuimos a la fiesta de una amiga, y ella terminó convencida de que esa fiesta fue hecha para ella. Estaba tan agradecida por su no fiesta de cumpleaños, que no tuvimos corazón para convencerla de lo contrario.

La vejez de mi abuela, nos hizo conocer a la niña Tere que aun habitaba en ella, sus ojos se iluminaban cuando veía a mi hermana entrar a la casa, a veces nos decía que platicaba con su abuelita🫣, nos contaba una y otra vez en el mismo dia la misma anécdota🤔, hacía berrinches, otras no quería bañarse y le gustaba comer sus antojos🥰

Mi abuela cumplió 90🥳 los celebró en grande y a las pocas semanas enfermó. Fue duro verla débil, confusa, frágil, pequeña, agonizante😭

Sin embargo, hoy puedo decir fue un honor acompañarle, poder darle mi mano…quisiera decir que de la misma manera en que ella me la dio el dia que nací. Pero sé que me quedo muy corta, ella me dio sus brazos, su tiempo, sus cuidados y sus oraciones. No pude devolverle tanto, pero lo que pude, ella lo recibió sin exigencias🫶🏼

La vejez de mi abuela, me ha dejado tanta enseñanza, espero sinceramente poder convertirla en aprendizaje. Por ahora fui nieta, pero también me tocará ser hija y un dia si Dios me lo permite quizá experimentaré también la vejez correr por mis venas🍂.

Necesitamos 😎nuevos lentes, que nos den la visión correcta del ocaso de la vida🌅 que nos alisten para aceptar con agradecimiento los muchos años, aun cuando vengan acompañados de achaques, olvidos, pañales y dentaduras. Necesitamos un mundo vejez friendly, para celebrar y acompañar a los que han aguantado el maratón de la vida y están completando los últimos kilómetros🎉.

Con esto cierro por hoy: Mi abuela veía una foto de ella y decía: ¡¡ay esa no soy yo, se ve muy vieja!!😊 Recordemos dentro de todo anciano, sigue viviendo un ser humano creado a la imagen de Dios, a quien se le debe honor y respeto. Proveer un ambiente que nos permita envejecer sin avergonzarnos,  ni disculparnos, es algo que no debe quedar en el olvido.

Que la vejez incapacitante, no nos impida saborear los últimos instantes de la vida en la eterna memoria del corazón🥂

Mi abuela en sus 90
Mi abuela con su mamá y sus abuelas😆
Mi abuela y yo🫶🏼

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